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Gerardo Castillo Guzmán[1]

Transformar los recursos financieros provenientes de la explotación de minerales, gas y petróleo en desarrollo sostenible de los países que poseen los recursos naturales y mejora de la calidad de vida de las poblaciones adyacentes a los proyectos extractivos es una meta compartida por diversos actores y constituye el mayor reto para las industrias extractivas (IIEE). Una de las condiciones necesarias, aunque no suficientes, para este logro es el contar con procesos transparentes sobre la captación, la distribución, la gestión y el uso de dichos recursos financieros.

Desde este 24 de febrero, y por dos días, el Perú es sede de la séptima conferencia global de la Iniciativa para la Transparencia de las Industrias Extractivas (EITI por sus siglas en inglés). Como parte de los esfuerzos mundiales por evitar varios de los problemas asociados con la gestión de los recursos naturales y promover una mejor gobernanza de los mismos, en el año 2003 se lanzó en Londres la declaración de principios de esta iniciativa. La EITI es un conjunto de principios y estándares globales para promover la transparencia y la rendición de cuentas en el manejo de los recursos provenientes de los sectores de minería, petróleo y gas.

En el año 2005, el gobierno peruano indicó su compromiso de adherirse a los principios de la iniciativa y, junto con las compañías extractivas que operan en el país y las organizaciones de la sociedad civil, se ha venido avanzando en dicha implementación. De esta manera, en el 2008 el Perú se convirtió en país candidato y el 2012 se le certificó como país cumplidor pleno de los principios EITI.

A lo largo de este proceso continuado de más de 10 años, los avances alcanzados son notables. El Perú es parte de una iniciativa global que se inició con 22 países y ahora congrega a 49 países implementadores. Asimismo, la participación voluntaria de las empresas extractivas ha ido en aumento, lo cual muestra la importancia que para ellas adquiere el operar de manera transparente en los países receptores. Así, en el 2008, cuando se realizó el primer estudio de conciliación nacional, participaron 33 empresas, tanto del sector minero como del de hidrocarburos. El 2014, con el cuarto estudio de conciliación, se alcanzó el pico de participación empresarial con 63 empresas. Este año, el número de empresas participantes en el quinto estudio ha caído ligeramente.

De otro lado, la experiencia del EITI ha permitido construir y difundir información entre diversos grupos de actores. Para ello, la labor de sectores de la sociedad civil como el Grupo Propuesta Ciudadana y el apoyo de la cooperación internacional han sido de enorme valía. En este proceso, asimismo, la sociedad civil ha fortalecido sus capacidades técnicas para entablar un diálogo franco con los representantes del estado y las empresas.

Precisamente, tal vez la lección más rica de la EITI en el Perú es la formación y el mantenimiento de un espacio multi-actor que a pesar de las diferencias ha sabido encontrar soluciones y compromisos de consenso y crear confianza. Sin el decidido liderazgo del estado, muy especialmente del Ministerio de Energía y Minas, ello habría sido una tarea más difícil.

En un país en el que existen enormes déficits de confianza en nuestras instituciones, los logros alcanzados son invalorables y requieren que se difundan y tomen con ejemplo para otros sectores.

Ciertamente, los retos actuales y futuros de la iniciativa de transparencia son grandes. Uno de ellos es el asegurar la continuidad y el fortalecimiento institucional de la EITI Perú. El tema del financiamiento y la sostenibilidad es importante pero también lo es el compromiso de las empresas por continuar en el proceso y proveer de información oportuna. El que Chinalco, una empresa que produce más del 2% del valor minero nacional, se haya retirado del quinto estudio pone en peligro los compromisos que hemos adquirido como país cumplidor. Junto a este reto, se encuentra la necesidad de avanzar en la automatización de la información, para así lograr resultados más a tiempo y más exactos.

De otro lado, la plataforma de la EITI en el país ha madurado y transformado. La necesidad de examinar la transparencia de los pagos de las empresas al gobierno central, que sigue siendo importante, da lugar a nuevas necesidades: la de examinar la transparencia en la asignación y la distribución de los recursos provenientes de las IIEE (el sistema de canon), la dirección del gasto, la calidad del mismo y los resultados alcanzados para incrementar de manera sostenible la calidad de vida de las poblaciones. Calidad de vida que es el fin para el cual la transparencia es uno de los varios medios. El avanzar en el proceso de impulsar la EITI en los gobiernos regionales y locales e incluir nuevos indicadores que midan mejoras en la calidad de vida van en ese camino. En esta línea, es sumamente positivo el anuncio de a las regiones de Piura y Moquegua ya existentes, se incorporan Arequipa y Loreto en los estudios subnacionales.

Finalmente, desde la sociedad civil se viene propugnando incluir en los estudios de transparencia, información social y ambiental de las compañías y sus proyectos. Se podrá discutir sobre la conveniencia de los mecanismos de la EITI para ello; pero justamente la institucionalización de la iniciativa proporciona un magnífico espacio para la discusión y la maduración de ideas para avanzar en los retos de construir una industria extractiva de mano con la sostenibilidad económica, social y ambiental del país.

[1] Director de Societas Consultora de Análisis Social. Correo electrónico: gerardocastillo@societas.com.pe

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