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El Perú, por sus condiciones físicas particulares, es un país expuesto a periódicas alteraciones naturales: lluvias y sequías ocasionadas por el fenómeno del Niño, olas de frío en los andes sur y sismos producto de fallas geológicas.

A este panorama debemos de añadir los impactos que el país empieza a experimentar debido al acelerado cambio climático. El Perú se encuentra en una delicada situación en la cual, a pesar de no ser uno de los grandes emisores de gases causantes del calentamiento global –el país emite 0.4% de ellos a nivel mundial, la mitad del cual proviene de la deforestación de la Amazonía— es una de las regiones más afectadas.

Efectivamente, el aumento de la temperatura trae consigo cambios en el proceso de maduración de las plantas, aumento de plagas y –mucho más grave aún—el deshielo de los glaciares andinos. Ello a su vez agrava la carestía del agua.

Estos impactos afectan de manera diferenciada nuestro territorio y son especialmente severos con las zonas altoandinas, donde habita un gran porcentaje de la población en pobreza extrema. Los territorios rurales sufren la muerte de muchos de sus habitantes, particularmente niños, y ven seriamente afectadas las cosechas, diezmado el ganado –principal medio de acumulación de capital– y destruida la poca infraestructura social y económica con que cuentan.

Para enfrentar en el corto plazo parte de esta problemática, proponemos varias medidas.

Primero, adaptar el Sistema Nacional de Defensa Civil (SINADECI) a los retos que suponen el cambio climático. Segundo, capacitar a todos los gobiernos locales en el funcionamiento del SINADECI. Tercero, dotar de recursos económicos y materiales a los gobiernos locales con alta vulnerabilidad. Aumentar en los presupuestos nacional y regionales las asignaciones destinadas a enfrentar el cambio climático. Con una visión de prevención, el Estado puede ahorrar muchísimo de lo que de otra manera gastaría en solucionar los problemas ambientales. En este sentido, el monto atribuido a la adaptación del cambio climático representó el 4% del presupuesto nacional en el 2008[1]. Cuarto, identificar y aplicar tecnologías –tradicionales y modernas— que adapten los productos agrícolas a las nuevas condiciones climáticas.

Además de medidas inmediatas, es necesario planear y ejecutar políticas y estrategias de desarrollo. Planteamos dos ideas. Primera, iniciar un proceso serio de ordenamiento territorial mediante el cual las poblaciones altoandinas sean reubicadas en zonas menos vulnerables y con alternativas económicas viables.

Segunda, profundizar la iniciativa de Reducción de Emisiones por Deforestación Evitada y Degradación Forestal (REDD), por la cual el Perú se ha comprometido a proteger 55 millones de hectáreas de bosques y reducir así en 50% nuestras emisiones de gases. Proponemos dar incentivos para que las poblaciones nativas protejan los bosques e instaurar una veda indefinida para la industria extractiva en la Amazonía. A cambio de proteger este ecosistema se buscarían alternativas económicas con la comunidad internacional.

Estas ideas pueden parecer atrevidas, pero vale la pena iniciar el debate. Quien mejor que el Ministerio del Ambiente para convocarlo.

Gerardo Castillo Guzmán


[1] Baca, Epifanio et al. (2009) Cambio climático y presupuesto público en el Perú. Lima: Oxfam, Grupo Propuesta Ciudadana.

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